LOS ORÍGENES UNDERGROUND DEL CINE VASCO CONTEMPORÁNEO

URSZENE

Poco importa, como dicen los psicoanalistas que entienden de estas cosas, que estemos ante un caso de fantasía originaria o (es más fácil que sea esto) de fantasía retroactiva, pero puede decirse que allí comenzó todo. Me estoy refiriendo a la sesión del Cine-Club Universitario de Bilbao que tuvo lugar el 14 de Febrero de 1975 (¡las cosas que hemos visto desde entonces, Maese Shallow!) bajo el sugerente titulo de Cine Underground Vasco.

No es fácil explicar a un espectador de nuestros días que en aquellos tiempos arcanos las sesiones de un cineclub que se preciase eran un lugar de refugio de cinéfilos sometidos a un régimen (palabra que se revelaba más polisémica de lo que nos hubiera gustado a muchos) espartano en su consumo de un cine de verdadero interés, además de servir (sobre todo) como espacio en el que se podía poner en escena durante dos horas un simulacro de oposición cultural y/o (la barra forma parte de aquel pasado) política a un Régimen (ahora con mayúsculas) franquista cuyo final parecía estar a la vista. De hecho, cuando los organizadores diseñaron la sesión tenían en la cabeza dos ideas. De un lado, hacer visible un tipo de cine que, en mayor o menor medida, le estaba vedado en aquellos días al espectador convencional y de ahí la referencia culta al underground, que entonces gozaba de notable predicamento, con la que se que pretendía advertir que los films que allí se iban a proyectar tenían la pretensión de poner en cuarentena las expectativas típicas y tópicas del espectador convencional. Pero también, por otro, la adjetivación de vasco del cine que se iba a proyectar buscaba ser el signo inequívoco de una reivindicación que se quería política en el preciso campo de la cultura.

Un breve repaso al listado de las películas proyectadas en tan memorable sesión pone las cosas en su sitio. Ni tan underground ni tan vasco era el cine que allí se vio. O expresado de forma más precisa, con la impagable perspectiva que nos da el implacable paso del tiempo: si esto fue así, se debió tanto a que hubo que proyectar lo que se tenía a mano (no se pudo contar ni con los cortos realizados por J. A. Rebolledo en la Escuela Oficial de Cinematografía ni con la película que J. A. Sistiaga había intentado compaginar a partir de filmaciones realizadas en los Encuentros de Pamplona de 1972), como al hecho de que la palabra vasco se declinó en aquel caso con una amplitud que se pondría en cuestión poco tiempo después. Baste pensar en la inclusión en el programa de Contactos, de Paulino Viota, obra realizada en Madrid por un cineasta santanderino aunque en su impostación pudieran detectarse notables influencias del pensamiento estético de Jorge Oteiza.
El éxito de la sesión que, como los seísmos, conoció notables réplicas en Baracaldo y Eibar en los meses siguientes, puso en la modesta agenda de la agitación político-cultural el tema del cine vasco. Si hacemos un poco de memoria, en los coloquios que acompañaron a estas sesiones se discutió si los creadores son vascos en función de sus apellidos (¿ocho?), su lugar de nacimiento o por vivir en el País Vasco. ¿O lo son por exponer un punto de vista o abordar una problemática vasca? No menos curioso es que como varios de los films proyectados renunciaban a la figuración, algún espectador no dejó de señalar que ante la ausencia de un cine vasco se rellenaba la sesión con películas que no vacilaba en caracterizar como surrealistas. Sin duda no es sencillo decidir quiénes estaban más confusos ante el fenómeno que empezaba a asomar allí la cabeza, si el público, los organizadores de la sesión o los cineastas presentes en la misma. Huelga decir que hubo múltiples manifestaciones de perplejidad y que las acusaciones de hermetismo, cinefilia huera y egocentrismo ocuparon una parte sustancial de los coloquios.

Pero la suerte estaba echada. Apenas un año después, cuando los restos mortales del Dictador yacían ya a buen recaudo bajo la pesada lápida de Cuelgamuros, el Cine-Club Universitario, ni corto ni perezoso, reincidió organizando unas Primeras Jornadas de Cine Vasco (24-27 de Febrero de 1976), a partir de las cuales la expresión cine vasco cobró definitiva carta de naturaleza. Y ahí seguimos, mareando la perdiz y haciendo buena esa verdad de Perogrullo que afirma, y no seré yo quien la desmienta, que cuarenta años no es nada.

Santos Zunzunegui

Actividad enmarcada en el programa TopARTE que conmemora el XX Aniversario del Museo Guggenheim Bilbao


José Antonio Sistiaga
75' | EUSKADI | Animación
José Ángel Rebolledo
8' | EUSKADI | Documental
José Julián Bakedano
11' | EUSKADI | Experimental
Paulino Viota
64' | EUSKADI | Ficción
Javier Rebollo
13' | EUSKADI | Experimental
Juan M. Ortuoste, Javier Rebollo
10' | EUSKADI | Experimental
Néstor Basterretxea, Fernando Larruquert
12' | EUSKADI | Documental
Anton Merikaetxebarria
20' | EUSKADI | Ficción

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