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Proyecciones Especiales

Un lío con las piedras

“Tiene un lío con las piedras”, dice Leiro contemplando su primer “Sísifo Confuso” expuesto en la galería Malborough. Hay dos personas que, aún sin saberlo todo, pueden acercarse a la obra del escultor Francisco Leiro (Cambados, 1957) con ciertas garantías de éxito, aunque sea instintivo: uno es el mismo autor, el otro, el aficionado que visita una de sus exposiciones y que se entrega antes al poderoso encuentro sensorial que invoca su trabajo que a disquisiciones más profundas (¿las hay más profundas?). Para el resto, el crítico, el experto, el que como yo, viniendo de otros ámbitos, intenta preguntarse por motivos, trasfondos y metáforas, la cosa se complica, aunque sea una complicación gozosa: Leiro habla poco y lo poco que habla lo articula, astuto, desde una ausencia de retórica, una narrativa básica y táctil semejante a su obra misma, y, por tanto, engañosamente simple.
Imprescindibles y preclaros ejercicios de estilo, pues, para ayudar al que se pregunta, los dos documentales en los que Aser Álvarez se ha acercado, a lo largo de más de tres años, al proceso creativo del cambadés mientras construía, precisamente este “Purgatorio” primordial y soterradamente humorístico de Sísifos liados, Lázaros saqueadores de tumbas, gente que carga almas mientras mudan la piel y otras magias, que diría Álvaro Cunqueiro; esta cosmogonía sardónica, fascinante y desigual que desfila en procesión bajo el signo del peso, igual que uno mismo.
Si en “Sísifo Confuso. Traballo e días de Francisco Leiro”, ante el mutismo del autor, el protagonismo lo tomaba el trabajo y el ritmo -la música del choque del hombre contra la piedra y la madera, el paso del tiempo en su círculo implacable, la visión del artista adaptándose a ese círculo como una inevitabilidad más-, en “O Purgatorio de Francisco Leiro”, complemento necesario del primero, tal rueda y tal ritmo son el fondo para ceder protagonismo a una apasionante conversación central entre Txomin Badiola y el propio Leiro, que vale la pena auscultar con cuidado. Como siempre en el caso que nos ocupa –y en casi todos los que importan-, la corriente verdadera corre por el fondo del canal, a veces invisible.
Son casi infantiles, tiernos, de hecho, los intentos de otros artistas por definir en palabras lo que Leiro hace, consiguiendo apenas rascar la superficie del misterio, hacerlo más evidente, con frases más o menos logradas (me quedo, sin embargo, con esa idea de Antón Reixa de Leiro como una “Galicia portátil”, no sé si esperanzadora o pavorosa). Precisamente por esa imposibilidad, son útiles el paciente tercer término que Álvarez ocupa en el documental y la cauta pericia de Badiola, que saca a pasear posibilidades de identificación clásicas y evidentes (Dante, las columnas, el peso del espacio vacío) para hacer reaccionar casi siempre a la contra a un Leiro que, moderadamente hablador por primera vez ante una cámara, nos lleva de modo casi casual hacia el centro de sus propias perplejidades, que son las nuestras. Hasta ese punto al menos en que los cuerpos transportados por otros cuerpos pueden empezar a ser “la camisa de la serpiente (…) el cascarón del cuerpo (…) el alma”, o lo que Badiola apunta como teatral convertirse, más bien, en “un fotograma”. Hasta ese punto al menos en el que se habla a las claras del intento consciente de eliminar prejuicios sobre lo deforme en una interpretación de la figura, la de Leiro, que contempla momentos superpuestos de naturalismo e indefinición brutal, alegórica, con instintiva y esencial sabiduría. Se habla también del “cerebro de la pieza”, y del “poso historicista”, y se entiende que el artista define la figura a través de la función, en una voluntad de raigambre, al cabo, proletaria. Trabaja desde la memoria. Y todo eso nos sirve de asidero, de aire para acompañar al que crea en esa inmersión hacia la zona cero del mito en la que Leiro no está muy lejano de otros maestros primitivistas y visionarios como el Pasolini de “Medea”. “remexer no faiado”, le llama él.
Quedan claras también en este ambicioso proyecto documental otras cosas necesarias. La más importante, quizá, la importancia del dibujo en el proceso creativo de un Leiro que tiene fe en el dibujo automático, desde los tiempos de su temprana educación surrealista en Santiago, y que ese dibujo es en realidad lo más importante: “Me gusta el dibujo torpe, que sugiere más que define”.
No menos interesante, aunque parezca lateral en el conjunto de una trayectoria, es el peso que tienen los elementos aparentemente menos “artísticos”. Primero, el apoyo de una galería de prestigio durante su carrera. Después, la importancia del espacio para el que se piensa una exposición y que no sea una mera acumulación de figuras sino un esfuerzo conceptual.
“Cambados la Atenas de Galicia”, se deja caer en algún momento del metraje. La afirmación es arriesgada, incluso con la coña (marinera) que lleva implícita. Menos arriesgado es conceder que Leiro es, si no una Galicia portátil, si al menos un ateniense nómada (“vivo en mi taller”). Uno empeñado en hacer con las estaciones el recorrido completo del círculo del año y que regresa del viaje con Purgatorios, Lázaros y gozosos líos con las piedras que uno puede dedicarse, luego, a sentir. O a descifrar en este documental.

Luis Boullosa

EL PURGATORIO DE FRANCISCO LEIRO

Aser Álvarez
ESPAÑA
2018 | 51 min
Proyecciones Especiales | Documental

15 noviembre, 20:00