Presentación

foto oficial alcalde

La estación del cine en Bilbao y un festival muy poco otoñal

Siempre me ha gustado pasear por Bilbao, aunque ahora lo hago menos que antes. También le gustaba a nuestro D. Miguel de Unamuno, que desde su calle de Ronda era capaz de subir hasta el Pagasarri para contemplar su Villa natal desde lo alto e hilvanar tranquilamente sus reflexiones sobre esto y aquello. A mí pasear me permite sobre todo- a un nivel desde luego más modesto que el de nuestro filósofo universal-  ir y venir entre un pensamiento y otro, una imagen y otra, dejar suelta la mente, a merced de las múltiples impresiones que la vida en esta ciudad produce en quien la mira sin prisa, con cariño y con curiosidad. En uno de estos paseos, hace pocos días, se me ocurre que el otoño es la estación del cine en Bilbao, porque ya estamos en noviembre y porque para eso tenemos un festival internacional de cortometrajes, documentales y muchas cosas más, nuestro ZINEBI, que va por su 59ª edición, cosa que tiene su mérito. Y se me ocurre también algo que parece- así, a ojo- una paradoja: que este veterano certamen se celebra en noviembre y que, sin embargo, ZINEBI es, probablemente, el festival de cine menos otoñal del mundo.   

Lo es, inevitablemente, en un sentido puramente climatológico, pues las estaciones son las que son- ahí está el gran Vivaldi para confirmarlo- y la naturaleza no se puede cambiar de un día para otro; pero no lo es en el sentido que coloquialmente le damos a la palabra otoñal, es decir, de edad provecta, ajado, obsoleto, caedizo, etc. En este sentido, parecería más justo decir que ZINEBI, pese a las 58 ediciones que son parte de su historia, es un festival primaveral, también en el sentido que conversacionalmente le atribuimos a esta palabra, o sea, fresco, joven, lozano, etc. Digo que este segundo adjetivo parecería más justo porque ZINEBI es, desde su fundación en 1959, una auténtica convocatoria internacional, una llamada desde Bilbao a los nuevos realizadores de todo el mundo, empezando por los nuestros, la mayoría de ellos jóvenes cuyos trabajos suelen estar cargados de una originalidad, un talento y una voluntad de experimentación formal que les sitúa con frecuencia lejos de la industria cinematográfica convencional. Así, en la programación de este año, los alumnos de las escuelas de cine y centros de formación audiovisual de Bilbao van a presentar los trabajos que han realizado en 2016-2017, uno de los cuales será galardonado con el premio ZINEBI NEW TALENTS; por su parte, los productores y realizadores de la Sección Oficial – integrada por 62 películas de 32 países- competirán por el Gran Premio del Festival y por los premios Mikeldi; además, este año tendremos la segunda edición del nuevo concurso internacional ZIFF, dirigido a los largometrajes opera prima, cuyos realizadores suelen ser también muy jóvenes, es decir, nada otoñales.

Quiero, para concluir estas breves líneas de presentación de la 59ª edición de ZINEBI, dar la bienvenida a los concursantes, a los jurados internacionales y al resto de los cineastas, profesionales e invitados que visitan nuestra ciudad durante la semana del festival. Decirles que nos sentimos orgullosos por su cordial participación y desearles mucho éxito con las películas que presentan este año y con las que emprendan en el futuro inmediato.

Porque, aunque ocurre muy de vez en cuando, hay otoños que parecen primaveras. Porque es justamente eso lo que ZINEBI nos ofrece cada año en plena caída de las hojas en nuestras calles, una auténtica y radiante primavera cinematográfica.

Y como nada en esta vida es para siempre, quiero por último enviar un fuerte abrazo a Ernesto del Río, el director de ZINEBI hasta esta edición, que se retira después de 18 años al frente del festival. Mila esker, Ernesto, por el gran trabajo que has realizado y por tu dedicación de siempre a apoyar a los cineastas de Bilbao y de Euskadi. Quiero también felicitar a quien va a ser su sucesora, Vanesa Fernández Guerra, a quien deseo muchos éxitos en su nuevo cometido. Sé que ZINEBI sigue estando en muy buenas manos.

Juan Mari Aburto
Alcalde de Bilbao

concejala

La familia, los amigos y una pequeña cámara de cine

Hay muchas formas de empezar cualquier cosa. Una de las más recomendables, aunque pueda parecer una verdad de Perogrullo, es empezar por el principio, es decir, analizar bien la situación, cargarse de razones, no quemar etapas y sobre todo no perder la calma en ningún momento. Si se cumplen estas condiciones, puede que el resultado del empeño no sea del todo malo y compense nuestros esfuerzos.

El cortometraje ha sido siempre una forma de empezar en el mundo del cine. De hecho, algunas de las películas fundacionales de la historia del cinematógrafo son cortos, peliculitas- generalmente de género cómico- que permitían a los pioneros de la época muda ensayar todo tipo de trucos, encuadres, formas de montaje, etc. También en los cortos resulta muy sensato comenzar por el principio. Creo que fue un director francés el que dijo aquéllo de que “las películas primero se piensan, luego se escriben, después se ruedan y a continuación se montan, a ser posible por este orden”. La frase no deja de tener su carga irónica pero desde luego está cargada de buen sentido. Además de esto, a los jóvenes que se ponen a rodar un corto puede serles de gran ayuda tener una familia complaciente con sus deseos que ponga su casa como decorado, un grupo de amigas y amigos incondicionales y una cámara de cine que funcione como Dios manda. De la familia siempre se puede sacar además un poco de dinero; los amigos pueden convertirse en actores protagonistas camino del estrellato, secundarios imprescindibles o equipo técnico para todo; y de la cámara, con un poco de imaginación y habilidad, siempre se pueden obtener imágenes solo vistas en los sueños más íntimos de cada realizador. Estoy segura de que, a grandes rasgos, esta es la historia de muchos de los cortometrajes que vemos cada año.         

Pero una vez terminada la película, al esforzado realizador solo le falta una cosa: poder mostrarla al mundo en algún certamen importante, y si se gana algún premio, pues mucho mejor. ZINEBI, que este año celebra su 59ª edición, es el festival internacional de cortos que cualquier nuevo director está buscando para proclamar urbi et orbi el talento que no le cabe en el cuerpo y que está pidiendo a gritos un Mikeldi de Oro, de Plata, de Bronce o, ya puestos, el Gran Premio del Festival, por pedir que no quede.

De hecho, este año el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao ha registrado la participación de 3.183 películas procedentes de 98 países, de las cuales 62, en representación de 32 países, integran la Sección Oficial competitiva, la mayoría de ellas estrenos entre nosotros, de las cuales 16 son españolas, entre ellas 6 vascas. Como ya es habitual, en esta 59ª edición se incorporan al concurso internacional países cuyas cinematografías son hasta ahora poco frecuentes por estas latitudes, tales como Croacia, Estonia, Haití, Irak, Lituania o Mozambique. Dentro del cine latinoamericano podremos ver películas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, México y Venezuela.

El mundo cabe en Bilbao cada mes de noviembre porque ZINEBI es un festival abierto al mundo y aspira a acoger en nuestra ciudad a jóvenes cineastas de los cinco continentes. Estoy segura de que algunos de ellos están llamados a ser una parte importante del cine del futuro. Yo me sumo al Alcalde y les doy la bienvenida, espero que disfruten de su visita  a nuestra Villa y les deseo mucha suerte con todos sus trabajos, los cortometrajes de ahora y los largometrajes por venir.

Nekane Alonso
Concejala de Cultura  del Ayuntamiento de Bilbao

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