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No es un año como otro cualquiera

Para mí este 2018 es un año muy especial. Lo es por tres razones  importantes: la primera es que el Ayuntamiento de Bilbao ha confiado en mí para dirigir esta nueva etapa de ZINEBI; la segunda es que este año el festival celebra su 60º aniversario; y la tercera es que soy la primera mujer que va a ponerse al frente de esta jovencísima institución en todos sus años de historia. Me lo tomo con humildad, con mucho respeto y con mucha responsabilidad. Sé que tengo un excelente equipo humano detrás y estoy convencida de que vamos a hacer las cosas bien.

Yo fui espectadora de este festival desde mi época primero adolescente y luego universitaria en Comunicación Audiovisual de la UPV/EHU, esos años decisivos en los que creemos que nos vamos a comer el mundo. De hecho, ver aquellos cortos y aquellos documentales nos parecía una buena manera de comerse el mundo a bocados, porque ante nuestros ojos, como sucede ahora mismo, aquellas películas constituían una mezcla explosiva de originalidad formal, de empeño estético, de radicalidad ética y de ganas de cambiar las cosas, justo lo que era muy raro ver, como también ocurre ahora, en las salas comerciales, lo que solo se podía ver en ZINEBI. Una cita ineludible.

En esta mi primera edición como directora del festival, soy muy consciente de que ZINEBI, como cualquier otro certamen de su categoría, tiene ciertas obligaciones adquiridas con la ciudadanía, con el entorno en el que se desarrolla, más cuando desde 1981 es una de las expresiones más importantes del compromiso del Ayuntamiento con la cultura en general y con el desarrollo de la industria audiovisual de Bilbao en particular. Soy asimismo consciente de que ZINEBI no nació de la nada, de que, como cualquier festival del mundo, es fruto de una larga historia, en nuestro caso una manera de alumbrarnos un poco en medio de la oscuridad de una dictadura que, según mis padres y sus amigos, parecía no tener fin.

Este año estamos de aniversario, el sexagésimo. Por eso tenemos que hacer el ejercicio de echar la vista atrás y reinvindicar el valor de toda la gente que ha hecho posible el arte del cinematógrafo en nuestra ciudad, ofrecerles un cordial homenaje. Nosotros lo vamos a hacer de dos formas: por un lado, agradeciendo el valor cultural y cívico su de esfuerzo. Por otro, configurando poco a poco el futuro del festival con nuevas líneas de programación, con una imagen renovada  y con nuestra apuesta decidida por el cine independiente y por los jóvenes talentos emergentes de todo el mundo.

En términos generales, se trata, por parte de ZINEBI, de estar atentos a los tiempos que vivimos mediante nuestra particular interpretación anual del pasado, el presente y el futuro del cine entre lo local y lo global, en búsqueda permanente del rigor en la selección de los contenidos que presentamos en cada una de nuestras ediciones, ya que si hablamos de películas independientes lo hacemos porque estamos convencidos de que un festival como el nuestro es un instrumento clave para dar a conocer y difundir este tipo de cine.

Por todo ello, los festivales actuales estamos obligados a ofrecer a nuestros espectadores una ventana abierta al mundo, nuestra forma peculiar de invitarles a salir de su zona de confort individual, a compartir el espacio público, a encontrarse con los otros y las otras en una sala oscura y a contemplar la secreta magia escondida en las imágenes en movimiento para luego tener la oportunidad de conversar sobre ellas con sus creadores y con todos aquellos hombres y mujeres que forman parte de la experiencia cinematográfica. Por cierto, he dicho mujeres porque yo soy mujer y porque sé que a nosotras en el cine todavía nos queda mucho por hacer.

Yo, ya lo he adelantado, me dispongo a lo que me toca con humildad y con respeto pero también con ilusión.

Con mucha ilusión.

Vanesa Fernández Guerra