Mikeldi de Honor – Wang Bing

WANG BING, O LOS MÁRGENES DEL IMPERIO DEL CENTRO

A los que no lo vivieran en el momento, aquel año 2003 en el Festival Internacional de Documental de Marsella, resulta difícil comunicarles hoy la magnitud del impacto provocado por la irrupción de la primera película de Wang Bing (王兵, Xi’an, 1967) en el circuito internacional. Los 550 minutos de West of the Tracks(铁西区, 2003) constituyen un retrato del languideciente complejo industrial de Tie Xi —un gigantesco universo prácticamente ruinoso en la ciudad de Shenyang que, a finales del siglo pasado, vivía un declive lento pero imparable— a través de la cotidianeidad de los trabajadores de una estructura gélida y obsoleta: una epopeya de supervivencia en la China de los grandes cambios, a medio camino entre las manifestaciones de Tiananmen y el momento en que el país se convirtió en la segunda economía mundial, reflejaba la cara oscura de aquella tendencia aperturista del “Imperio del Centro” liderado por Jiang Zemin. En esos instantes, Wang Bing decidía posar su mirada en las personas cuyos nombres no pasarían a la posteridad, en la silenciosa masa proletaria que engrasaba la maquinaria de esa inigualable economía emergente.

Con su primer largometraje, Bing fijaba una de las líneas de trabajo que ha seguido a lo largo de toda su trayectoria: hacer protagonistas a personas que habitan los márgenes de la Historia. El tratamiento detallado de la supervivencia diaria de estas personas se sostiene en dos patas: la relación que el director establece con los personajes a lo largo de un periodo prolongado de convivencia; y la ventaja de contar con las posibilidades que ofrece el vídeo (estamos ante un cineasta digital, un maestro del audiovisual con obra únicamente alumbrada este siglo) para lograr que las personas que aparecen en sus trabajos “olviden” que están siendo grabadas.

Uno de los grandes nombres del documental observacional, Wang Bing ha desarrollado una trayectoria modélica por coherencia y rigor, reconocida en festivales como los de Venecia, Locarno, Busan o Yamagata. Sus películas se han alargado el tiempo que él, y no el mercado que se supone ha de recibirlo, considerase necesario, para acercarse con honestidad a la dignidad con que muchos de sus compatriotas viven (o vivieron) la penuria: desde la pura mendicidad de niños, jóvenes y ancianos, a las nuevas generaciones explotadas en condiciones laborales de semiesclavitud, haciendo hincapié en la memoria histórica, en un impresionante trabajo de recopilación de testimonios de supervivientes de los campos de trabajos forzados instaurados por el régimen de Mao Zedong en obras inolvidables como Fengming, A Chinese Memoir (和凤鸣, 2007) o Dead Souls (死靈魂, 2018).

Rubén Corral


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