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PREMIOS HONORÍFICOS · MIKELDI DE HONOR

LILIANA CAVANI

LILIANA CAVANI. PÉRDIDAS, CONOCIMIENTOS Y REVELACIONES

Autora de un cine inconformista, controvertido y libre de cualquier dogmatismo, Liliana Cavani apunta siempre hacia la crisis —histórica, social, espiritual, psíquica— como un instrumento para interpretar lo real, lo que se traduce en una ardua investigación de las representaciones subjetivas en la que metáforas, símbolos y visiones adquieren forma y diseñan los espacios. Su obra es la narración de esa exploración incierta a través del misterio de las vivencias personales, que llevan a sus protagonistas a situarse dentro y fuera de los muros de la historia y del tiempo en recorridos de una continua experimentación, entre pérdidas, conocimientos y revelaciones. Películas que son historias de hombres y mujeres inquietos que aman y sufren sin eludir jamás ninguna prueba. Una antropologia de héroes antiheroicos, seres humanos convencionales y al mismo tiempo arquetipos de un viaje conducido por Cavani, que se sumerge en el mundo desvirtuando certezas y lugares comunes, sugiriendo dudas que se reflejan en el espectador con la misma agudeza y capacidad visionaria que caracteriza a menudo al objetivo de su cámara.

Nacida en Carpi, en el norte de Italia, Liliana estudia Filología Clásica en Bolonia y funda un cineclub en su ciudad natal. Tras licenciarse, el cine se convierte para ella en una posibilidad de trabajo. En la Roma de comienzos de los sesenta es la única mujer en el curso de dirección del Centro Experimental de la Cinematografía y la mejor alumna. En este periodo Cavan comienza a escribir, inaugurando una faceta de ensayista y publicista sobre cultura y actualidad que todavia hoy conserva. Tras una serie de documentales de extraordinaria fuerza y calidad (entre 1961 y 1965 realiza Storia del Ill Reich, L’età di Stalin, La dona nella Resistenza y Philippe Pétain: Processo a Vichy), en 1966 dirige para la televisión publica italiana (Rai)- Francesco d’Assisi. La película es el debut de una nueva creadora que sorprende por su personalidad incisiva e independiente. Su competencia profesional y su talento artístico se afirman con Galileo, donde atronta a través de una suntuosa construcción formal la relación entre cultura y poder. Galileo fue un encargo de la Rai, que posteriormente abandonó el proyecto temiendo que pudiera ser una propuesta excesivamente anticlerical. En 1969 llega su primera obra no realizada por encargo: un relato visionario de la Antigona de Sófocles bajo el titulo Los Caníbales. Son los años de la disconformidad, de la violencia política y de la liberación, cuyas vertientes más creativas, pacifistas y espontáneas son absorbidas por esta obra singular para ser restituidas luego como imagen mítica. Tras el éxito rotundo de la pelicula en el Festival de Nueva York, una importante distribuidora se ofreció a distribuir el film en EE.UU. con la condición de que los últimos quince minutos fueran cambiados por un final feliz. Sin embargo, y como era de esperar, Cavani rechazó la oferta.

En una una de sus películas más queridas, Milarepa, nos regala un bellísimo retrato del yogi y poeta tibetano del mismo nombre, una obra decisiva en la que la realizadora muestra los resultados de su investigación sobre la mitopoiesis, la creación colectiva de mitos, relatos o historias vinculados a una comunidad y la función social que cumplen dentro de ella: “Qué extraordinaria experiencia (en parte olvidada) la de ver una pelicula realmente bella», escribe Pasolini. Sin embargo, son películas como El portero de noche, que Visconti definió como «desgarradora, cruel y terrible […] construída con una sabiduría singular y equilibrio» y Más allá del bien y del mal, sobre el experimento amoroso de Lou Salomé, Friederich Nietzsche y Paul Rée, las que le otorgaron el aura de autora incómoda y escandalosa, en parte porque sus obras suscitaban la censura y especialmente en el extranjero, alimentaban animados debates intelectuales.

El portero de noche —una reflexión sobre el nazismo que se transforma en un análisis del amor como lugar psíquico absoluto— es el capítulo más altisonante de una carrera marcada por una distinguida vocación cosmopolita visible en los contenidos, escenarios, territorios históricos y culturales atravesados. Sus películas, presentes en los principales festivales internacionales, encuentran aprobación, provocan discusiones y estimulan profundizaciones en Estados Unidos y Europa, sobre todo en Francia, aunque en 1980 Arnoldo García del Vall le dedica también una monografla en España.

Su etapa americana viene impulsada por el clamoroso éxito de taquilla de El portero y por el constante eco de su obra en la crítica especializada, que culmina con la proposición de la Universidad de Princetown —donde Gaetana Marrone publica The Gaze and the Labyrinth (La mirada y el laberinto)— de realizar una retrospectiva de sus obras. Una internacionalidad también latente en las productivas combinaciones actorales de sus películas, en las que dirige elencos internacionales (Pierre Clementi, Dirk Bogarde, Charlotte Rampling, Erland Josephson, Robert Powell, Marcelo Mastroianni, Claudia Cardinale, BurtLancaster, Mickey Rourke, John Malkovich…).

De la década de los 80 destacan La piel, adaptación de la novela de Curio Malaparte en forma de intenso fresco sobre la liberación en Nápoles; Interno berlinese, inspirada en la novela Arenas Movedizas, del japonés Junichiro Tanizaki; y el inolvidable segundo viaje al universo asisiano, donde crea con Rourke el Francesco definitivo, muy físico y apasionado. En 2002 la productora americana Fine Line Features le encomienda El juego de Ripley, adaptación de la novela de Patricia Higsmith, en la que dirige a Malkovich. En 2005 con De Gasperi, l’uomo della speranza y en 2008 con Einstein, Cavani retorna a la televisión, medio para el que crea un trabajo sobre la violencia de género bajo el título de Troppo amore.

El cuestionamiento de la realidad es una constante en su obra y nada parece reflejarlo mejor que el movimiento que es, de hecho, el soporte de toda su cinematografía: el movimiento de la investigación, a menudo arriesgada y nunca consoladora, la elección artística, la vocación. Movimiento en tanto que libertad de alargar la mirada y la consciencia.

Por todas estas razones, por su condición de cineasta siempre crítica, independiente y libre, por su obra, larga, original y llena de incitaciones intelectuales y estéticas, ZINEBI, el festival de cine de Bilbao, le otorga con toda justicia el Mikeldi de Honor de su 53ª edición.

Francesca Brignoli.
Investigadora independiente, especialista en el cine de Liliana Cavani

  1. Pasolini, La pazzesca razionalità della geometría religiosa, «Cinema Nuovo», 229, magglo-giugno 1974.
  2. Marrone, Lo squardo e i1 labirinto. Il cinema di Liliana Cavani, Marsilio, Venezia 2003, p. 208.
  3. Marrone, The Gaze and the Labyrinth: The Cinema of Lillana Cavani, Princeton University Press, NJ, 2000.
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