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PREMIOS HONORÍFICOS · MIKELDI DE HONOR

PERE PORTABELLA

PERE PORTABELLA, EXTRATERRITORIAL

Considerar la posición de Pere Portabella en el interior del cine español obliga a plantear de entrada el que su obra (en su doble faceta de productor y director) ofrece elementos más que significativos para iluminar algunos de los aspectos que podrían identificarse como formativos de lo más rico y sugestivo producido por nuestro cine a lo largo de su historia. Pero sólo a condición de tener en cuenta que esta trayectoria aparece como esencialmente excéntrica al cine dominante tanto cuando explora vetas de una cierta tradición hispánica del realismo (o sus derivaciones más o menos deformantes) a través de una parte importante de su tarea como factotum de Films 59 (Los golfos, El cochecito, Viridiana) o marida el gesto vanguardista con la radicalidad política en los filmes que firma como director.

Pero es que además una obra como la de Portabella no puede ser abordada en toda su complejidad sin sacarla del estrecho marco del cine para situarla sobre el doble fondo del diálogo con otras prácticas artísticas y con la sociedad en la que se inserta. Para Portabella el cine no se presenta como un arte separado de las demás artes hasta el punto de que a la hora de buscar referencias para situarlo en un contexto preciso queda muy claro que mantenernos en el campo de ese territorio limitado que es el cinematógrafo no agota la riqueza intertextual de su obra. No es dificil detectar en la propia biografia de Portabella este gusto por otras fórmulas artísticas que sólo se diferencian de las propiamente cinematográficas si se ignora la identidad del gesto que las funda y da sentido. En ese sentido hay que tomar en consideración la participación de Portabella en las actividades desarrolladas por el Grup de Treball, colectivo de intervención conceptual activo, artística y políticamente, en Barcelona entre 1973 y 1976.

Puede afirmarse que el cine de Portabella desde el inicial No contéis con lo dedos (1967) hasta el reciente El silencio antes de Bach (2007) combina en un mismo gesto radicalidad política y estética, experimentación y denuncia, ambas decididamente acordadas con los diversos momentos históricos. La globalidad de su obra plantea la impugnación del canon narrativo aristotélico escamoteando el argumento para «ir directamente a la temática» (palabras de Portabella para describir su estrategia), la insistencia en la composición rítmica y la exploración de las raíces mismas de la creación artística. Pero, al mismo tiempo, ha implicado un diálogo cuerpo a cuerpo con el franquismo durante buena parte de la misma, una toma de postura ante el cine militante y el underground y la cuidadosa inserción de su trabajo en la línea de trabajo de aquellos artistas (no sólo cineastas) para los que la tarea a llevar a cabo de forma prioritaria es la de levantar acta de la cara oculta de las cosas, interesándose por esa geología de lo imaginario que sólo puede ser revelada (utilizo el término en su sentido estrictamente fotográfico) tras un paciente y metódico trabajo de desacondicionamiento de los estereotipos que definen la cotidianeidad más banal.

Tras casi cincuenta años de práctica cinematográfica (como productor, como director), el trabajo de Pere Portabella aparece con nitidez como una forma de perseverar en una práctica de trabajo en los márgenes del sistema de representación institucional. Que esto se haya realizado en el interior de un cine tan pacato como el español del que, además, ha roturado ciertos campos relativamente yermos antes de su intervención, no deja de constituir una fructífera paradoja. No podemos ignorarlo: Por muchas y buenas razones, Portabella extraterritorial.

Una extraterritorialidad, una perseverancia y un talento que la 49ª edición de ZINEBI quiere reconocer con un Mikeldi de Honor que Père Portabella se merece desde hace mucho tiempo.

Santos Zunzunegui.
Catedrático (UPV/EHU)

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