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ZINEBI EN LOS TIEMPOS DEL VIRUS

Hacía frío en Berlín cuando dejamos la ciudad para volver a Bilbao tras las proyecciones y reuniones de trabajo de la Berlinale 2020. Muchas voces coincidían en que había sido una edición marcada por aquel coronavirus del que tanto empezábamos a oír hablar a través de las inquietantes noticias que nos llegaban de China. Poco después, asistimos atónitas a lo que ni en nuestros sueños más delirantes hubiéramos podido imaginar: el mundo se paró súbitamente y el drama humano fue adueñándose de nuestro planeta; los rodajes también se pararon en seco y los cines echaron inmediatamente la persiana; nuestro pequeño microclima de festivales de cine comenzó a sufrir fenómenos hasta entonces nunca vistos, como aplazamientos y cancelaciones de todo tipo. Algunos días después, nos encontrábamos confinadas a cal y canto, solas con nosotras mismas, con nuestras familias, y cargadas de incertidumbre.

La de la COVID-19 es la primera pandemia que nos ha tocado vivir. Yo creo que con el sacrificio y el tesón de la ciudadanía lograremos superarla pronto. No obstante, cuando lo consigamos todavía quedará mucho trabajo que hacer para recuperar la fuerza anterior de nuestras industrias culturales y audiovisuales. En esta delicada situación, celebrar la 62ª edición de ZINEBI —en una versión híbrida, combinando las proyecciones en sala con su exhibición online— es parte de la decidida apuesta del Ayuntamiento de Bilbao por apoyar y dar nuevas fuerzas a este sector fundamental de nuestra industria local.

En tiempos de crisis es habitual encontrarse en los medios de comunicación con los trabajadores de una gran fábrica cuyos puestos de trabajo corren peligro. Muchas veces su lucha se convierte en un verdadero estandarte tras el que la sociedad entera reivindica el derecho de todas y todos a un empleo y unas condiciones laborales dignas de un país democrático. Aunque la cultura es la más alta expresión de la amistad cívica de la que hablaban ya los griegos, nos permite vivir juntas y ser mejores ciudadanas, y aunque la cultura como industria —con el cine a la cabeza— es en muchos países un auténtico motor del crecimiento económico y la creación de empleo de los que dependen tantas familias, muchas veces la producción de bienes y servicios culturales nos parece algo superfluo y prescindible ante realidades solo en apariencia más perentorias.

Pero la cultura no puede parar porque el genio creativo de la condición humana tampoco puede parar. Por eso el cine es también imparable. Lo demostró cuando acudió a cada una de las llamadas que le hicimos durante nuestro interminable confinamiento en busca de entretenimiento, nuevos conocimientos o simplemente consuelo. Y nos lo ha vuelto a demostrar haciendo que productores y realizadores de todo el mundo envíen a la sede de ZINEBI miles de cortometrajes y cientos de largometrajes como prueba de su deseo de hacerse con un lugar en la muy rigurosa selección de su 62ª edición. 

Yo estoy muy agradecida por la confianza que la gente del cine desde su diferente cometido —dirección, produción, distribución, exhibición— ha depositado un año más en este festival, por elegirnos para estrenar sus trabajos más recientes. Su interés es el nuestro porque de este modo vamos a ir recuperándonos entre todas del desastre que hemos vivido e insuflando un renovado impulso a nuestro tejido cultural e industrial. Agradezco también a las instituciones y colaboradores el apoyo y el cariño que de todos ellos ha recibido el Festival durante este año.

Y en especial mi reconocimiento a todo el equipo de ZINEBI por su ilusión, su amor al cine, su trabajo y su dedicación para poder presentar una de las ediciones más difíciles y complejas de nuestro festival como una experiencia colectiva, diversa, igualitaria y segura. Y desde luego espero también que placentera. 

 

Vanesa Fernández Guerra
Directora de ZINEBI